jueves, 11 de noviembre de 2010

Carta muy abierta a Francisco Urondo

Parece, segùn noticias de buena
fuente, que de un tiempo a
esta parte, no es nada fàcil
dar con vos personalmente.
Siempre fuiste un poco jodòn,
pero en este caso estoy convencido
de que no tenès la culpa de que los
amigos no puedan tomarse un vinito con
vos, y como no soy rencoroso
te escribo, Paco, con la
seguridad de que muy pronto
has de cambiar de conducta y no
solamente aceptar visitas sino
incluso devolverlas.
A la espera de todo eso te voy a hacer
rabiar un poco, porque si a vos no
se te puede ver resulta que a otros si,
 y a lo mejor te divierte que te
cuente como me las arreglè en Quito
hace apenas dos meses,
para ir a pegarle un abrazo a
Jaime Galarza. Yo a este punto ya lo
conocìa de Parìs, no personalmente
pero allà, lo sabès de sobra,
somo smuchos los latinoamericanos
que se juntan y hablan y por ahì van
saliendo algunas cosas, pavaditas,
claro, no vamos a exagerar.
Y los escuatorianosme habìan contado
coss de Galarza, yo lo habìa leìdo
y de golpe zàs, El festìn del petròleo.
Nada, doscientas pàginas poniendo en
claro lo que a mucha gente le interesaba
mantener oscuro, el invariable
escamoteo de una riqueza casi
increible, pactos y contratos y
consorcios y cualquier cosa menos
petròleo del Ecuador pra los
ecuatorinos. Vos te imaginàs las
consecuencias del libro:
por una lado la ediciòn que se agota
antesde que haya tiempo de
secuestrarla, y por otro una maquinita
bien montada, Jaime Galarza a la
càrcel como"còmplice intelectual"
de una operaciòn màs bien movida
en un supermercado. Todas estas cosas
se repiten tanto que uno tiene
la impresiòn de estar contando
siempre lo mismo, en todo caso
si te aburrìs chiflame.
Lo fuì a ver, y resultò màs fàcil
de lo que pensaban algunos,
Fuì con la rubia Mireya (como
irrespetuosamente la llamaste vos
alguna vez a mi compañera), porque
esta lituana loca no es de las que me
deja ir solo a lugares de mala fama.
Y como mala, es mala, algo
sabès de eso, te sacan el
pasaporte a la entrada y vos pensàs
que por ahì se les pierde, esos
descuidos penosos. A Jaime lo
encontramos con otros huèspedes
del hotel y algunos amigos,
entre ellos por extraña coincidencia un
periodista que visitaba a otro
detenido y que al dìa siguiente
diò la noticia a tres columnas,
cosa que te probarà la utilidad
de esa clase de circunstancias.
Hablamos largo de Festìn
y de otros petròleos de este
continente, yo aprendì algunas
cosas que acaso seràn ùtiles cuando
vuelva a Francia, y ademàs,
hubo todo eso que hoy no puede
haber entre vos y yo, ese
quedarse callados, miràndose
como nos miramos los amigos,
con esa mirada que no tendràn
nunca los que nos separan.
Me fuì, claro, pero me fuì sabiendo
que de alguna manera no me iba,
y que tambièn Jaime se iba
conmigo en esa zona del corazòn
que està para siempre a salvo de los
cercos, las rejas y el odio. Cambiamos
un par de libros y abrazos, la rubia
Mireya organizò como sòlo ella
sabe hacerlo un sistema perfecto
de postes restantes, revistas, publicaciones
y antibiòticos para la
muchachada de a bordo. A mi
pasaporte no le faltaba ni un sello
a la salida, y màs bien pienso que
tenìa uno de yapa. Ahora sè quièn
es de veras Jaime Galarza,
ahora me siento màs fuerte porque su
prisiòn, las cicatrices de la tortura en
sus muñecas, seràn como tantas otras
cosas, parte de mi fuerza.
Y si te cuento esto, Paco viejo, es
porque sè que te gustarà leerlo
y que paravos serà como si te
hubiera visitado, como si tambièn vos,
y  yo hubièramos fumado juntos un rato,
miràndonos con nuestra sorna de
porteños. Y tambièn porque otros
leeràn esta carta, creca o lejos de vos,
y comprenderàn que de alguna manera
quise estar con todos, y que mi
abrazo con Jaime es el que todos
nos damos y nos daremos siempre,
hoy de lejos, mañana en esa calle
abierta en que nos encontraremos
para seguir el largo,
necesario y hermoso camino que
lleva a nuestro sueño.
                                             
                                           Julio

......................................................+
Carta de Julio Cortàzar publicada en Liberaciòn / 1973.

1 comentario:

  1. Cortazar es de esos sujetos conmovedores, que en su desgarbada figura nomuestran la ternura de sus actos y escritos. Mi vieja, en el 70 se lo cruzó en la asunción de Salvador Allende en Chile, y sabedora de mi placer por sus libros (yo tenía 14 años) le pidió un autógrafo que atesoré muchos años, luego vaya uno a saber donde recaló ese papelito con su grafía y la fecha. Mi vieja, impune militante PC, le mandó "Julio, hay que volver a dar la lucha en el país" y él, según otro relato, le entregó una sonrisa triste por respuesta. Por lo que he leído y escuchado algo de ese romanticismo compartían con el Paco. Hermosa la carta, los pinta de cuerpo entero.

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